El precio que digo es el que pagas
Presupuesto cerrado y por escrito antes de empezar. Si a mitad del trabajo descubro que me he quedado corto calculando, es problema mío, no tuyo. Nunca te voy a llamar para decirte que costará más.
Detrás de esta web no hay una agencia con veinte personas. Hay una, y soy yo. Vas a hablar conmigo desde el primer día hasta después de publicar tu web.
Empecé mi carrera en PwC, auditando cuentas de bancos durante cuatro años. Auditar consiste en mirar algo que otro ha hecho y buscar el fallo. No el fallo grande y evidente: el pequeño, el que nadie ve, el que está en la fila 340 de una hoja de cálculo.
Eso deja una manera de trabajar que no se quita. Cuando termino una web, la reviso entera como si la hubiera hecho otro y tuviera que encontrarle pegas. Enlace por enlace, en móvil y en ordenador.
La otra mitad del trabajo era explicarlo. De poco sirve encontrar algo si luego no sabes contárselo a quien no es del ramo, sin tecnicismos y sin que se sienta tonto por preguntar. Eso se aprende a base de repetirlo, y también deja poso.
Revisar hasta el último detalle y luego explicarlo en cristiano son exactamente las dos cosas que hacen falta para hacer webs a negocios que no tienen por qué saber de esto.
Porque son los que más lo necesitan y los que peor servidos están. Las agencias grandes no les hacen caso porque el encargo es pequeño, y lo que les llega son plantillas genéricas a precio de saldo. Merecen algo mejor y no cuesta tanto dárselo.
Presupuesto cerrado y por escrito antes de empezar. Si a mitad del trabajo descubro que me he quedado corto calculando, es problema mío, no tuyo. Nunca te voy a llamar para decirte que costará más.
El dominio se registra a tu nombre, con tus datos. Los archivos son tuyos. Si mañana quieres que la lleve otra persona, te la llevas sin pedirme permiso ni pagar rescate. Hay quien no lo hace así.
Si hablamos y veo que una web no te va a aportar gran cosa, te lo digo y no te la vendo. Prefiero perder un encargo que cobrarte por algo que se va a quedar ahí sin servir para nada.
Trabajo en el barrio y quiero seguir trabajando en él. Mi mejor publicidad es que el del bar de al lado le diga a la peluquera que cumplí. Eso solo pasa si sigo cogiendo el teléfono después.
Llevo poco con esto. Podría llenar la web de logotipos y de opiniones inventadas —se hace constantemente— pero no me da la gana, y menos vendiendo confianza.
Lo que te ofrezco a cambio es concreto: precios más ajustados que los de una agencia, mucha más atención de la que te daría un estudio con cincuenta clientes, y las ganas de que los primeros trabajos salgan impecables porque son los que me van a traer los siguientes.
Esta misma web la he hecho yo. Míratela en el móvil, fíjate en cómo se mueve, en si carga rápido, en si se entiende. Es la mejor muestra que te puedo dar de cómo quedaría la tuya.
Empecé por mi distrito porque me permite hacer algo que casi nadie hace: presentarme en tu local, ver cómo es de verdad, hacer las fotos yo mismo y entender a qué clientela atiendes.
Trabajo con toda la Comunidad de Madrid. Y si estás más lejos, lo hacemos por teléfono y correo sin ningún problema.
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